Un despido caro, mal planificado y lleno de sombras
Prometía estabilidad. Se vendió como proyecto a largo plazo. Ha terminado en un fiasco prematuro.
El Real Madrid destituyó este lunes a Xabi Alonso como entrenador apenas unos meses después de su llegada. El técnico vasco había aterrizado en el club blanco el pasado verano con un contrato de tres temporadas, presentado como una apuesta firme y meditada. La realidad ha sido muy distinta.
La primera incoherencia aparece en el origen de la operación. El club pagó entre 12 y 15 millones de euros al Bayer Leverkusen, según Kicker, para liberar a Xabi Alonso. Una inversión considerable para un entrenador que, según se decía, encajaba a la perfección en la idea deportiva del club. A eso se sumó un salario anual situado entre 7 y 9 millones de euros, cifras de técnico consolidado, no de apuesta en construcción.
Y, sin embargo, el proyecto no ha durado ni un año.
La segunda contradicción está en el contrato. Con el cese, lo lógico habría sido que Xabi Alonso cobrara los tres años firmados. No será así. Según explicó la Cadena COPE, el acuerdo incluía una cláusula que protegía al club: si el despido se producía en el primer año, solo debía abonarse esa temporada.
Cláusula ejecutada. Problema evidente.
El mensaje que lanza el Real Madrid es demoledor. Se paga una fortuna por fichar a un entrenador, se le asigna un salario de élite y, al mismo tiempo, se firma un contrato que deja claro que la confianza era limitada desde el primer día. Proyecto a medias. Respaldo condicionado. Planificación fallida.
El resultado final es un escenario incómodo para todos. Xabi Alonso se marcha cobrando entre 7 y 9 millones de euros por su despido. El club evita una indemnización mayor, sí. Pero queda retratado en su forma de gestionar los tiempos, los discursos y las expectativas.
No es solo un cese. Es otro ejemplo de improvisación. De decisiones caras. Y de un proyecto que nunca supo si realmente creía en su entrenador.



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