El madridismo flipa con las decisiones de Arbeloa

El discurso de autocrítica choca con dos días libres en plena crisis de juego y resultados, una decisión que desata la indignación en la grada.

Tenemos muchísimo trabajo por delante”. La frase es de Álvaro Arbeloa, pronunciada tras una victoria tan sufrida como poco convincente ante el Rayo Vallecano en el Santiago Bernabéu. El mensaje sonó a diagnóstico certero. El problema llegó al día siguiente, cuando el club confirmó que el Real Madrid no entrenaría ni lunes ni martes.

Dos días libres. Sin matices. Sin sesiones de recuperación. Sin trabajo en Valdebebas. Una decisión que ha caído como una bomba en el madridismo, todavía digiriendo los golpes recibidos en Copa del Rey y Champions League desde el cambio en el banquillo.

Las redes sociales ardieron. Y no por sorpresa. La imagen del equipo invita a todo menos a desconectar. Falta idea. Falta ritmo. Falta coordinación. Y, aun así, el cuerpo técnico opta por el descanso total cuando la mayoría de clubes de élite apuestan por el descanso activo y la recuperación controlada en sus instalaciones.

El discurso y los hechos no van de la mano. Arbeloa reconoce públicamente los problemas, pero su gestión posterior transmite el mensaje contrario. El equipo volverá al trabajo el miércoles y preparará el duelo ante el Valencia en apenas unos días. Una planificación que genera más dudas que certezas.

El contexto no ayuda. Tras la debacle europea en Lisboa ante el Benfica, se esperaba una reacción clara frente al Rayo. No llegó. El equipo volvió a mostrarse plano, sin una idea reconocible y lejos de su mejor nivel físico. La sensación de desorden persiste.

La crispación en la grada va en aumento. Los pitos ya no son una excepción. Son rutina. Y decisiones como conceder dos días de fiesta en plena tormenta no hacen más que avivar el malestar. El madridismo pide trabajo. Más disciplina. Más señales de que el rumbo preocupa tanto dentro como fuera.

Febrero será un mes decisivo. Valencia, Real Sociedad, Benfica por partida doble y Osasuna marcarán el termómetro real del proyecto. Puede ser el punto de inflexión. O el inicio de un cuestionamiento mayor.

De momento, el mensaje es confuso. Y en el Real Madrid, eso nunca es buena señal.

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