Pep Guardiola, los errores y las obsesiones

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No se sabe -aunque se pueda sospechar- si lo dijo con sinceridad o desde una falsa humildad, pero Josep Guardiola admitió, luego de haber quedado eliminado con el Manchester City ante el Real Madrid que “tal vez no sea lo suficientemente bueno para ayudar al equipo a ganar la Champions”.

Un mes antes, apenas, el propio Pep Guardiola había dicho, otra vez con o sin humildad que “yo no inventé el fútbol, pero soy un entrenador muy bueno”.  Y ambas declaraciones tienen un tinte de veracidad.

No es que Guardiola no esté en condiciones de ganar una Champions. Ya lo consiguió dos veces con el Barcelona (se puede decir que Lionel Messi, en su mejor momento, contribuyó mucho, como también otros súper cracks como Xavi o Andrés Iniesta, pero también ellos jugaron el torneo con otros entrenadores y no siempre lo lograron) y fue protagonista con otros equipos.

Lo que se pretende señalar en esta columna es que, como todo en la vida -no sólo en el deporte-, fueron apareciendo los incondicionales que ven como positivo todo lo que hace el entrenador de Santpedor, y si bien creemos que el saldo es mucho más positivo que negativo, a esta altura es claro que viene cometiendo errores importantes que especialmente se notan cuando accede al más alto nivel competitivo.

Siempre ambicionamos tener alguna vez, por los avatares de nuestra profesión periodística, una nueva chance de hacerle a Guardiola al menos tres o cuatro preguntas para tratar de descifrar algunas cosas, como por ejemplo, su obsesión por tenerlo todo controlado cuando el fútbol es, como bien decía el legendario periodista argentino Dante Panzeri, “La Dinámica de lo Impensado”.

La pretensión de convertir el fútbol en un laboratorio, aún cuando sea con las mejores intenciones (tener el balón, hacerlo circular, tratarde marcar la mayor cantidad de goles, deleitar al espectador),choca de lleno con el azar, con el imprevisto, pero también con el hecho de querer modificar cuestiones que, comprobadas de sobra con más de un siglo de competencia, no parecen ir por el lugar más adecuado.

Por ejemplo, podría comprenderse que quien como entrenador no dispone de las posibiidades futbolísticas o economicas de contarcon extremos, coloque en esos lugares a volantes con cierto oficio para ocupar esas posiciones. Lo que cuesta entender es que disponiendo de uno de los mayores presupuestos del mundo, no se fiche extremos y lo que es aún más extraño es que habiendo tenido uno de los mejores del mundo (Leroy Sané), se lo haya dejado ir (al Bayern Munich).

Pero hay un aspecto aún más remarcable en la persistencia de un error y es en la función del centrodelantero, o el goleador. Para Guardiola (respetable, por supuesto), “el nueve es el espacio”, algo así como que no hace falta que haya estacionado como nueve un delantero, o un jugador que ocupe esa posición, sino que lo importante es que “alguien” se encuentre allí cuando haga falta.

Sin embargo, si se observa a gran escala una enorme cantidad de partidos jugados por el Manchester City en todas estas temporadas en las que Guardiola lleva como entrenador, en muchos casos mereció ganar por más de lo que ganó, o empató partidos que merecía ganar, o perdió partidos que mereció, como mínimo, empatar.

Creemos que esto se debe a una cuestión fundamental desde lo conceptual y es que Guardiola muestra ser un entrenador “de armado de juego”, más horizontal que vertical, lo cual se entiende desde la constitución de un esqueleto madre que otorgue un fucionamiento colectivo.

Pero si para ese armado horizontal se termina perdiendo la verticalidad, ocurre que se convierte menos de lo que se podría (porque hasta generando situaciones de gol, quienes las definen no tienen el exacto oficio de convertir) y hasta se reciben más goles de los que se deberían porque tampoco la defensa se estructura para lo primordial de ese oficio, que es defender antes que atacar.

De esta forma, cuando muchos hacen de todo, termina ocurriendo que pierden ya la noción de su oficio original,.lo cual a veces redunda en muy buenos espectáculos y hasta en algunos triunfos importantes, algo indudable, pero no se llega a la cima porque allí, el Manchester City se encuentra con aquellos equipos que tienen muy claro su oficio, en los que el goleador es la referencia (RobertLewandowski, Erling Haalamd, Karim Benzema, Harry Kane, Romelu Lukaku, por citar algunos) y los defensores se dedican específicamente a marcar.

Jugar sin un “nueve” no deja de ser un intento por querer encontrar algo distinto a lo que existe desde hace más de un siglo: un jugador cuyo saber es el de estar en el lugar justo en el momento justo para marcar esos goles, que sería lo opuesto a aquello de “más que estar, hay que llegar”. Ninguna referencia de gol “llega” sino que “está ahí” para empujarla, o para colocarse en la centralidad que obligue a los rivales a estar atentos y muestre el camino a los propios.

Tanto es así, que aunque Guardiola no lo diga, cuando se acercaron los momentos finales de esta temporada, repentinamente olvidó el experimento del brasileño Gabriel Jesú como extremo derecho y lo colocó “de nueve” y así generó una importante racha de goles para su equipo, aunque no se terminara de alcanzar el máximo objetivo.

No parece, para la temporada próxima, que dos goleadores como Julián Álvarez o Haaland, vayan a ocupar posiciones que terminen convirtiéndolos en leones hervíboros. En todo caso, el análisis llegará cuando toque.

Haber aprendido de los errores, de esos detalles que hacen al todo, es lo que seguramente en el futuro habrá cambiar la propia percepción guardioliana (verdadera o falsa) acerca de que no es “lo suficientemente bueno” para determinados objetivos, porque nadie tiene la verdad revelada.pero siempre hay tiempo para mejorar.