Fútbol artificial

El Fútbol se ha vuelto cada vez más artificial y frágil. Parecería que nada tiene la contundencia suficiente para arraigarse a los sentimientos. Todo es un conjuro de estímulos periféricos y sentencias superficiales que nos impiden llegar a su más pura esencia

El sentido de pertenencia se ha trasformado en un acto tan extraño como heroico. El desarraigo emocional propone deshacernos de nuestras raíces y aferrarnos a una “realidad” patrocinada por la frivolidad. Futbolistas nómades, sin identidad, ni conciencia social. Pantallas que dictaminan, redes sociales que juzgan y condenan con total impunidad. Los impostores desnaturalizan la verdadera identidad cultural del Futbol. Las tribunas se vacían de folclore y se inundan de tecnología; hoy no se empuñan banderas deshilachas por el tiempo, sino smartphones que adormecen la memoria y la conciencia del hincha.

El Fútbol actual atraviesa una época de desapego e insensibilidad inquietante. Un clásico sudamericano en Europa, una final de Copa europea en Asia o donde el dinero lo disponga. Muy pronto, tendremos un torneo en Venus, Saturno, o la Luna. La codicia del negocio manipula la geografía, el calendario, y sobre todo la impunidad. Un Mundial en navidad, estadios construidos con mano de obra esclava y cientos de obreros muertos; pero el show debe continuar. El periodismo promociona las bondades de los fastuosos escenarios, pero poco dicen de la miseria humana. Los medios de comunicación se obstinan en mantenernos aturdidos y desinformados, todo es ruido sin contenido, con el único propósito de mantenernos cada vez más ignorantes y confundidos. La hipocresía se televisa en horario central y la audiencia asiente de manera compulsiva.

La historia y los recuerdos pasan cada vez más a un segundo plano. Se percibe un cierto desprecio por el respeto y la memoria. Los hechos vividos mueren sin que nadie reclame por su ausencia. Los ídolos del pasado nunca tienen presente. Los días de gloria no encuentran herederos. La sensatez de los sabios colapsa contra la insolencia de algún influencer. Todo es un rótulo, una postura ocasional, una selfie fingida, un posteo narcisista, un pulgar que dictamina, un corazón que no late. La productividad de los prepotentes y la insensibilidad de los necios conspiran contra el alma del Fútbol.

Daría la impresión de que la era de las pasiones artesanales y las emociones genuinas está llegando a su fin. Son tiempos de goles vacíos, de amores y odios virtuales, de telarañas digitales que nos dejan enredados en la estupidez. El Fútbol cambia, las cosas cambian… incluso a veces cambian tanto, que se vuelven casi irreconocibles.

@Pablotta