El Barcelona, rehén del VAR y sus interpretaciones
Cada detalle fue analizado con lupa extrema. Las explicaciones no convencieron a nadie. La polémica volvió a escena.
Ni los jugadores del FC Barcelona ni Hansi Flick salieron especialmente agradecidos del ejercicio de “precisión arbitral” ofrecido por Gil Manzano y Del Cerro Grande ante la Real Sociedad. Tres goles anulados. Tres. Pero como suele pasar en estas ocasiones, hubo uno que se llevó el premio gordo a la polémica: el de Lamine Yamal.
La jugada, para variar, era finísima. Tan fina que algunos todavía siguen buscando el fuera de juego con lupa, escuadra y cartabón. Las líneas, esas que a veces aparecen y a veces no, tampoco ayudaron demasiado. Pero nada, decisión clara: gol anulado. Porque sí. Frenkie de Jong protestó en caliente y Fermín López, con un sentido del humor exquisito, subió la imagen de la acción a Instagram acompañada de emojis riéndose. Risa nerviosa, claro. La jugada, por cierto, habría puesto al Barça por delante antes del descanso. Un detalle menor.
La publicación de Fermín no hizo más que confirmar lo evidente: el vestuario azulgrana está encantado con Gil Manzano y Del Cerro Grande, dos viejos conocidos del colectivo arbitral. Tan habituales que ya forman parte del paisaje. La temporada pasada, sin ir más lejos, el VAR —con Del Cerro al mando— ya se lució anulando un gol muy “interpretativo” a Robert Lewandowski. Flick no lo olvidó y, en rueda de prensa, decidió agradecer el recuerdo en perfecto castellano: “Buen trabajo”. Ironía nivel experto.
Y por si faltaba algo, llegó el minuto 28. El Barça asediaba el área donostiarra, los rebotes se sucedían y Lamine Yamal, ese chico que siempre está donde pasa algo, cazó un balón suelto y batió a Remiro. Gol. O eso parecía.
Porque después llegó la clásica charla interminable con la sala VOR, la explicación didáctica a los capitanes y el desenlace esperado: gol anulado. El argumento fue que el último en tocar el balón había sido Jules Koundé, lo que dejaba a Lamine en posición indebida. Un detalle que nadie vio claro en las repeticiones, pero que el cuerpo arbitral interpretó con una claridad envidiable. Las imágenes, borrosas. La decisión, cristalina. Así funciona todo.



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