El VAR de la discordia

VAR
El VAR está muy cuestionado en Sudamérica. Foto: Conmebol Oficial

La tecnología siempre es bienvenida, pero en Sudamérica, el VAR trajo mucha más polémica que soluciones. Una verdadera arma de doble filo.

Atrás quedaron aquellos años donde la ley y la disciplina del Fútbol estaban en manos de personajes casi anónimos que corrían a la sombra del juego impartiendo penas y castigos. Silbatazos, tarjetas, ademanes ampulosos y un par de asistentes bastaban para mantener el orden y hacer justicia. Pero, como casi todo lo que rodea a los tiempos actuales, los árbitros también se hicieron beneficiarios o rehenes de la tecnología. Entre adeptos y detractores, y sobre todo con un montón de interrogantes, el VAR no pasa desapercibido.

El VAR llegó con promesas de equidad y justicia. Sin embargo… ¿Cuál es el precio que paga el Fútbol por esta supuesta transparencia jurídica? Árbitros que tienden a convertirse en personajes autómatas sin criterio interpretativo, ni razonamiento lúdico. Tecnología disfrazada de “justicia divina” que esconde la torpeza del humano. Jugadas diseccionadas que son sometidas a los antojos de una pantalla que recorta y desfigura la realidad. Imágenes que hacen foco en un lunar, y otras tantas llenas de manchas, que pasan desapercibidas. Festejos que no son festejo, y ese reflejo emocional del hincha que se ve censurado por los peritos del mínimo detalle. Goles que no son goles, y el relato de un grito sagrado que se vuelve pecado. Orsay de uñas largas o caderas ensanchadas. Interminables reuniones de consorcio para determinar una sanción. Todos protestan, gritan y lloran pidiendo que un zoom encuentre la aguja en el pajar. Detalles que se magnifican y una peligrosa tendencia a desnaturalizar la verdadera esencia y dinámica del juego. Por el momento, la “tecnología justiciera” sigue mostrando los mismos vicios, errores y sospechas que la justicia artesanal del silbato.

Daría la impresión que el VAR es un arma de doble filo. Su utilización certera y criteriosa puede transparentar y darle cierta ecuanimidad a las decisiones arbitrales, pero su manipulación antojadiza o ineficaz también puede darle legitimidad al delito. Claro que en este punto, “la máquina” no tiene la culpa, no es responsable de que la moral de quienes lo manejan esté habitualmente cuestionada. Confianza o desconfianza, la asistencia tecnológica no sólo se impone, también expone una forma de vincularnos con la autoridad, y esta relación va más allá de la pelota, varía sustancialmente según la identidad socio-cultural de cada región o de cada Liga. Árbitros a control remoto y cámaras delatoras que dicen buscar justicia, que a los ojos apasionados del hincha casi siempre es injusticia.

Evidentemente, el VAR no es un adorno intrascendente del Fútbol moderno, por el contrario, su influencia viene a desafiar y trastocar los aspectos más orgánicos y tradicionales del juego. El tiempo dará su sentencia, pero es muy factible que el mayor problema del Fútbol contemporáneo no sea la capacidad arbitral, sino la falta de decencia.