El FC Barcelona bajo una tormenta perfecta

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El Barça, en estos años, se fue adentrando en un mar que pensaba que le era conocido. Fue arrastrando problemas estructurales que eclosionaron al combinarse con la pandemia. Es una entidad que da la sensación que le cuesta mucho salir de esta tormenta perfecta en la que parece estar inmerso.

Ya estamos de regreso en las diferentes competiciones de la Liga y hay resultados positivos acompañan al FC Barcelona, algunos se han conseguido con bastante apuro. Prueba de ello fue la reciente victoria en Copa del Rey, ante un equipo de tercera división como el Deportivo Linares. Es una entidad que da la sensación que le cuesta mucho salir de esta tormenta perfecta en la que parece estar inmerso. Como en esa película que protagonizó, años atrás, George Clooney contando la historia real de un pesquero que en 1991 se adentró en el mar, desde  Gloucester (EE.UU), en el momento que se combinaban una serie de eventos meteorológicos que generaron una tormenta sin precedentes. Eso dió nombre al fenómeno, al libro y a la película: “La tormenta perfecta”.

El 2021 le dió a la parroquia blaugrana algunos mensajes sobre su mundo real: la Champions se evaporó en la fase clasificatoria; por poco no termina el año en la mitad de la tabla de posiciones de la Liga; Messi se fue, inesperadamente, un día de agosto, y la esperanza generada en los socios por la elección de Laporta a principios de año, ya se ve bastante menguada. Entre las señales positivas que hacen vislumbrar un posible fin del cataclismo, hay más de futuro que de presente: la reciente llegada de Xavi Hernández y el objetivo de un nuevo estadio con el Espai Barça.

Algunos espectadores se preguntarán, ¿cómo nos atrapó esta tormenta?. Un jugador emblemático, y culé hasta la médula como Piqué dejó una pista importante, cuando en unas declaraciones recogidas por Europa Press, en octubre pasado dijo: El triplete del 2015 nos salió más caro que nunca” (1) 

La explicación a ese titular hay que buscarlo seis años atrás, cuando Luis Enrique,  el hoy entrenador de la selección española,  conseguía como técnico del FC Barcelona, ganar un Triplete, o sea tres títulos en una misma temporada: Liga, Copa del Rey y Champions. Todo aderezado con goles de un tridente que hoy ya no está: Messi, Neymar y Suárez y con una dupla de mediocampistas difícil de repetir: Xavi e Iniesta.

Ese triplete cambió en ese entonces la realidad institucional del club. Josep Maria Bartomeu, el vicepresidente con Rosell desde el año 2010 y presidente a partir del 2014, por la dimisión de este último, pasaba por momentos muy complicados.

Buena parte del mandato Rosell-Bartomeu había estado plagado de crisis y de críticas internas. Claro, una cosa era criticarlos antes de los títulos y otra diferente cuando los éxitos llegaron. Es así como un ignoto  dirigente como Bartomeu, que había llegado para completar un mandato presidencial ajeno, terminó derrotando, por lejos, al mismísimo Joan Laporta (hoy presidente en su segunda versión).

Cuando Bartomeu dimitió para presentar su candidatura, Ramón Besa, periodista de El País, lo describió como un dirigente que era más gestor que líder”. En ese discurso, que fue también lanzamiento de su campaña electoral, Bartomeu anunció un futuro promisorio.

Una descripción de este periodista más que interesante, sobre todo para hacer un análisis retroactivo, porque ese no fue el guión estelar seguido por la película. En la realidad se marchó Luis Enrique, y se fueron también por la borda otros entrenadores como Valverde, Setien y Koeman; hubo lluvias torrenciales de goles del Bayern y del Liverpool en Champions; se diluyeron muchos millones en fichajes que no dieron resultado; se  produjo  el Barçagate, el aire del Camp Nou se llenó de bronca con gritos de Bartomeu dimissió!; se padecieron cinco meses de un Barça dirigido por una Junta Gestora (algo así como sólo una entidad de tipo administrativo);  y por si algo faltaba, llegó también la pandemia.

El Barça no sólo está en medio de la borrasca. Sino que además sufre una polémica mediática con cruces de opiniones muy fuertes. Laporta dice que la culpa de todo  la tuvo Bartomeu, y pone la gestión de éste bajo la lupa. Pero en el mandato de Bartomeu  no se fue Leo Messi, hecho que Bartomeu le echa en cara y crítica de Laporta.

Pese a todo este ruido, hubo quien arrojó cierta luz sobre lo que pasó durante la gestión Bartomeu y fue su vicepresidente económico, Jordi Moix, durante la Asamblea de Compromisarios de julio pasado. Entre gritos de reprobación y silbidos el Sr. Moix que hablaba en representación de Bartomeu -quien declinó la invitación y no asistió a esa importante reunión de rendición de cuentas-,  dió la sensación de sincerarse cuando realizó un mini balance de lo ocurrido. Moix dijo que La masa salarial estaba al límite porque el objetivo fue invertir en la competitividad del primer equipo, que era mejor que los dineros estuvieren en campo y no en el banco”

Subrayó que no lo dijo en el marco de la típica entrevista relajada, sino ante unos 600 compromisarios, que a duras penas contenían su indignación. Se le hizo una pregunta y entonces dió su respuesta, ¿Lo hicimos todo bien? No, evidentemente no y la lista es larga. No previmos el cambio de ciclo generacional con la suficiente antelación del equipo profesional del club, íbamos ganando títulos y alargamos en exceso el tiempo en iniciar los cambios” y prosiguió indicando Durante dos años olvidamos o mejor dicho no priorizamos con el rigor necesario por la esencia del club: la política de la pedrera”, refiriéndose al cuidado de la Masía, de las jóvenes promesas, porque buscábamos resultados más inmediatos”. Aunque también enumeró lo que consideró sus éxitos, y dijo que tuvieron una gran capacidad para generar recursos: con mejoras en los derechos televisivos, abriendo la apuesta por el mundo digital, etc.

El Barça, en estos años, se fue adentrando en un mar que pensaba que le era conocido. Fue arrastrando problemas estructurales que eclosionaron al combinarse con la pandemia. Al timón tuvo un gestor con poco feeling con el fútbol y ahora, que sí está bajo el mando de un líder carismático y futbolero, un presidente que gusta de las gestas, tiene mucho menos margen de maniobra. La ola que el FC Barcelona tiene enfrente es muy, muy alta y la incógnita no sólo refiere a si podrá superarla, sino también en cómo lo hará y en cuánto tiempo.