El eterno descontento y el show de pases

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Romelu Lukaku, tremendo goleador, uno de los mejores del mundo, no fue ni al banco de suplentes del Chelsea en el espectacular partido ante Liverpool por la Premier League inglesa.

Fue castigado por el entrenador alemán Thomas Tuchel por sus declaraciones hechas horas antes a un medio italiano, en las que dijo con claridad que no le gustaba el esquema táctico de su equipo y que pretendía regresar al Inter de Milán, donde fue campeón.

Es cada vez más evidente la incomodidad de Cristiano Ronaldo en el Manchester United. A veces con gestos ampulosos hacia sus compañeros, otras, con caras de descontento ante malos resultados o situaciones de gol que no terminan como él hubiese deseado, y ahora se sumó una discusión con el arquero David De Gea en la derrota como local ante el Wolverhampton, también por la Premier League.

En el mismo Manchester United, el delantero Edinson Cavani es tratado de convencer por el entrenador alemán, Ralf Rangnick, para que no abandone el club en enero y no emigre al Barcelona o regrese a Sudamérica. Es entendible: se trata de un gran goleador, apetecido, y que juega muy pocos minutos con los “Diablos Rojos”.

Por estas horas, el neerlandés Memphis Depay borró su descripción de Instagram, relacionada con el Barcelona, con la idea cada vez más clara de que si no es en este mercado de pases de enero, dejará de pertenecer al club catalán como muy tarde en junio de este año, ante las chances crecientes de que llegue Álvaro Morata y se sume al ataque a Ferrán Torres (que no estaba contento en el Manchester City de Josep Guardiola, donde tampoco tenía lugar).

Por si fuera poco, Kylian Mbappé deshora la margarita sobre si quedarse en el Paris Saint Germain (PSG) o irse al Real Madrid aún cuando el esquema de su entrenador, el argentino Mauricio Pochettino, parece favorecerlo mucho más que al resto de los atacantes como Neymar o Lionel Messi, atascados en un sistema que está ideado para el contragolpe y no para la tenencia de pelota, algo que seguramente pone nervioso al potentado Nasser Al Khalaiffi, dueño del club, y al brasileño Leonardo, director deportivo aunque los resultados sean favorables. Por cierto, otro argentino, Mauro Icardi, también quiere irse ante los escasos minutos de participación, y acaso la Juventus sea su destino.

Lo que hay en común en todos los casos descriptos es el descontento de las estrellas en sus distintos equipos, todos ellos de primer nivel internacional, y justo aparecen con nitidez cuando se acaba de abrir el mercado de pases invernal en el que los clubes volverán a gastar fortunas en plena pandemia y con distintas excusas: que no tienen suficiente plantel con todos los problemas de salud que se fueron generando, que muchos jugadores se les van a la Copa África, o el “Virus FIFA” o lo que sea.

Lo claro es que el sistema fue generando que cada vez haya más protagonistas insatisfechos, como si jamás se pudiera alcanzar la estabilidad anímica, emocional, como si siempre se pusiera el foco en lo faltante, en las carencias.

Ocurría antes más enfocado en los entrenadores, con continuos cambios en los bancos de suplentes, y ahora sucede con los futbolistas, en la medida en que estos fueron ganando en derechos y libertades.

Lo que llama poderosamente la atención es ese destello de infelicidad, de insatisfacción general, como si cuanto más dinero se gastara, menos contentos están los protagonistas y más necesidad de cambios que van generando, a su vez, inestabilidad en los hinchas, que cada vez miran más de reojo a las supuestas declaraciones de lealtad a las camisetas o a los que se besan los escudos, en un acto que suena cada vez más a demagógico.

El mercado de pases, cada vez más, opera como justificador de carencias y de gastos superfluos cuando hay divisiones inferiores que deberían ser las proveedoras generales de futbolistas, porque se supone que para eso se trabajó durante tantos años en moldear a un futbolista, pero son demasiados los que muerden en este negocio.

Es en esta clave que acaso, deberemos entender este circo de rumores, maletines, faxes y una montaña de dinero, mientras el fútbol se pregunta si la pandemia dejará que la pelota ruede en los próximos meses.