Dinamarca y su cuento de hadas de 1992

Fuente: eldesmarque.com

Este viernes 11 de junio dará comienzo la Eurocopa 2021. Por ello durante este mes recordaremos algunos de los momentos históricos del torneo. Sin lugar a dudas uno de sus momentos más emocionantes fue el cuento de hadas de Dinamarca. Cuento que culmino con su coronación como campeona de Europa tras vencer a Alemania en la final por 2-0

Todo aficionado al fútbol recuerda o sabe acerca está gran historia que nos brindó esa gran selección de Dinamarca en la Eurocopa de 1992 de Suecia. Con esta historia se demuestra que en este deporte puede ocurrir absolutamente lo más inesperado. Por ello, lo hace tan especial y seguido con mucha pasión en todo el planeta

Este torneo comienza con la unificación de Alemania tras la caída del muro de Berlín y la participación de Rusia como la CEI (Comunidad de estados independientes), ya que estaba en pleno proceso de descomposición. Más tarde, Yugoslavia iba a ser expulsada del torneo por la UEFA a causa de la guerra de los Balcanes. Esto desencadenaría la aparición inesperada de Dinamarca en este torneo.

Algunas de las estrellas de aquella selección como fueron Peter Schmeichel, Henrik Larsen, Flemming Povlsen o Brian Laudrup estaban disfrutando de sus respectivas vacaciones cuando fueron convocados por la federación danesa de fútbol a una reunión urgente en la capital del país. El seleccionador por aquel entonces era Richard Moller-Nielsen. Él fue el encargado de dar la noticia a sus jugadores de que estaban convocados para jugar la Eurocopa y que debían representar a Dinamarca.

Finalmente, toda la plantilla se fue a Suecia para tratar de conseguir el título. Eso sí, el seleccionador danés no pudo contar con Michael Laudrup la gran estrella del país. Ya que el jugador había expresado su malestar debido al estilo de juego defensivo por parte del entrenador y que él no jugaría con su selección mientras Moller-Nielsen estuviese al cargo del banquillo danés.

Inglaterra, Suecia y Francia -por este orden- parecían rivales inabordables para un puñado de jugadores que confiaban en volver a estar eliminados a las primeras de cambio para volver con sus familias. Especialmente delicada fue la situación de Kim Vilfort, cuya hija estaba enferma de leucemia. El centrocampista del Brondby dejó, de hecho, la concentración en mitad del campeonato para volver, según su testimonio, para la final. Nadie le creyó entonces, sobre todo porque después de los dos primeros encuentros Dinamarca apenas sumaba un punto merced al empate cosechado frente a la Inglaterra de Lineker.

Finalmente y dando la sorprensa Dinamarca conseguía quedar segunda en su respectivo grupo, dejando fuera a Francia y a Inglaterra y quedando por detrás de Suecia. La semifinal fue el 22 de junio y Dinamarca se enfrentó a la reciente campeona Holanda. La ‘Oranje’ fue la campeona en 1988 y contaban con jugadores de la talla de Gullit, Van Basten, Bergkamp, Frank de Boer o Rijkaard. Sin embargo, aun siendo inferiores Dinamarca conseguía llegar a la final tras empatar a dos y vencer por cinco a cuatro en la tanda de penaltis. El error de Marco Van Basten fue decisivo para la suerte de Dinamarca y sobre todo de Holanda.

En la final debían enfrentarse a los vigentes campeones del mundo, Alemania. Una Alemania sin Franz Beckenbauer en el banquillo, pero reforzada por su reunificación con la RDA.  “No prometo que ganaremos, pero sí que cada jugador dará lo máximo”, dijo Moller Nielsen. La final comenzó como se pensaba. Dinamarca temblaba y Alemania mandaba. Eso sí, hasta que John Jensen marcaba el gol de su carrera a los 18 minutos de partido. Jensen era un mediocentro de corte defensivo que en ese momento militaba en el Brondby. Ese gol le dio la vuelta a todos los pronósticos. 

Alemania empezó a bombardear el área de Schmeichel, Dinamarca siguió temblando, pero sostenida por el meta del Manchester United resistió. Y lo hizo de tal manera que a falta de diez minutos  y para cerrar este cuento de hadas Kim Vilfort controló un balón cerca de la meta rival, quizá con la mano, y tras un formidable recorte conectó un zurdazo que tras golpear en un poste se metió en la portería de Illgner. Vilfort celebraría en esa piña pensando en su hija enferma de leucemia que moriría diez días después.