Darwin Núñez tiene futuro colchonero

Tienes cosas del mejor Cavani, ese con quien soñó y nunca pudo tener Simeone

37 goles en 43 partidos no son datos que veamos con regularidad en los delanteros de talla media, y ni siquiera de los que son vistos por la galería como los mejores. 22 años, una edad tramposa, de la que podemos llegar a sacar conclusiones precipitadas, etiquetas del “nuevo mejor” y derivados que lo único que hacen es condenar al lastre.
Si hablamos con prudencia, todos de acuerdo en el término de “estrella emergente”, Darwin Núñez está en el siguiente paso de comerse el mundo. Ahora llega la decisión más complicada y dependiendo de lo mucho que los billetes lo encandilen, el mundo puede comérselo a él. Toca saltar dos plantas por encima del nivel bajo de la Liga Portugesa y escudarse en la élite
europea, esos que llaman a su puerta a base de petrodólores, ofreciendo decorar su entrada con lingotes de oro. 80 millones desde la capital parisina (o directo desde Qatar, ya confundo donde está cada cosa) parecen ser suficientes de contentar a un Benfica en el alambre económico, y los netos por temporada que llegan a los dos dígitos se presupone que lo harán también al jugador. Y aquí viene el pero, ¿realmente es lo mejor que le viene al joven uruguayo?

Mi respuesta es no, y mi propuesta va directa al Manzanares, al refugio colchonero, esa que ha sido sede ya de una final de Champions,
el hogar de un equipo que sabe lo que es ser actor protagonista de finales europeas. Y aún perdidas, de ser oportunidad de ensueño de aquellos
que aspiran a los premios individuales. Todos los que salen de ahí acaban echando en falta el calor del Metropolitano y surcan a la deriva del éxito
junto al dinero. Porque si algo hemos aprendido los futboleros es que el triunfo de los títulos va más allá del capital, de la inversión (algunos ilegal) 
como proyecto deportivo. El Atlético de Madrid sabe lo que es tener dinero a partir de las victorias, un caudal que empieza por un líder, que evangeliza
una forma de competir, ganar o perder. Un organigrama compacto donde todos corren a la misma velocidad, y todos acaben aprendiendo las mismas lecciones. 
En vez de anclarse en un barco blindado de oro y plata, donde gobiernan las estrellas y por encima de todo la anarquia, Darwin necesita un profesor que haga explotar sus capacidades, esas que bien encajan en el sistema del “Cholo”.

En la velocidad de un desmarque y un movimiento continuo reside la virtud del delantero de Artigas, clave para un equipo que presenta un bloque medio bajo
y necesita la salida para encontrar la ventaja en el marcador. Mientras una figura como la que presenta un Griezmann se incorpora como un centrocampista a la hora de conducir el contrataque, Darwin se incorpora entre los centrales para funcionar como alternativa tanto por abajo como en el juego aéreo. De una escuela moderna de delanteros cuyo campo de actuación se amplia a las bandas y la acción casi como un extremo, menos fijo 
que un Luis Suarez en el área, aportaría una facilidad a un Joao Félix en el juego entre líneas, fijando a los defensores para que este se libere en su función propiamente de “10” que Simeone de momento no ha explotado. Por encima de todo, la garra uruguaya, de compañeros de selección que ya son leyenda, esa que ha dado Ligas en saques de esquina. 

Ecos existen del mejor Cavani, homólogo en el terreno de juego y país de nacimiento. El Cavani que nunca tuvo el Cholo y el Atleti, pero que recuerda además las características de sus 9 históricos. La movilidad del mejor Forlán, la letalidad del mejor Diego Costa, y la finura técnica dentro del barullo del área del mejor Falcao. Solo le falta que alguien le haga entender que queda mucho camino por recorrer. Y en Madrid puede estar su línea de salida.