Vergüenza nacional e inolvidable en Vallecas

Esta es la historia de una suspensión anunciada. Cuando quien escribe se iba acercando a recoger su acreditación para cubrir el Rayo Vallecano vs. Athletic, presentía que algo iba a ocurrir. ¿Por qué? Porque la afición de Rayo Vallecano en los alrededores del campo se volvió a movilizar contra Raúl Martín Presa, el patético dueño del conjunto rayista. Los aficionados rayistas repartieron en los aledaños del estadio un comunicado, otro más contra el dueño del Rayo Vallecano, pero…, Bukaneros, el grupo ultra del Rayo Vallecano, tenía otros planes. Y estos no pasaban por adherirse a la protesta de manera pacifica.

Aprovechando que en el minuto trece estaba acordado el lanzamiento de aviones de papel al césped de Vallecas por parte de la afición rayista, Bukaneros actuó por su cuenta. ¿Cómo? Primero lanzando pelotas de goma al campo. Varias de ellas impactaron tanto en los jugadores como en el personal que trabajaba a pie de campo cerca del fondo que ocupa habitualmente Bukaneros. Esto obligó a Sánchez Martínez, colegiado murciano del partido, a mandar a ambos equipos a vestuarios.

Con la primera escenificación de su secuestro del sentimiento por el Rayo Vallecano completada, Bukaneros completó su obra unos minutos después ante los ojos de un pelele llamado Raúl Martín Presa. Tras unos veinticinco minutos de parón, Sánchez Martínez mandó a ambos equipos de vuelta al campo de juego. No nos olvidemos de que se jugaba un partido del campeonato de liga español, aunque esto parezca una crónica de sucesos. Aunque para gozo de Bukaneros y desesperación del patético Raúl Martín Presa; rápidamente el fútbol dejó de estar en primer plano.

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Un minuto después de que el juego se reanudara, la protesta de Bukaneros subió un nivel. A las pelotas de goma arrojadas al césped hay que unirles dos asientos del campo. Uno de ellos se quedó en el tejado de la portería que en esos momentos defendía Emil Audero. Tras ver esto, y después de intentar jugar el partido a toda costa, Sánchez Martínez mandó a los veintidós jugadores a vestuarios, para acto seguido decretar la suspensión definitiva del partido.

A partir de aquí vino el segundo esperpento de la tarde: A pedido de no sabemos quién, nadie habló y nadie dio explicaciones ni de lo que pasó ni de cuándo se va a jugar. Para agravar el segundo esperpento, quienes cubríamos el partido tuvimos que esperar en la calle unas explicaciones que nos llegaban a cuentagotas por parte solamente del Athletic Club, excelente trabajo de su departamento de comunicación que agradezco profundamente.

Un último detalle: que quien escribe esté en contra del acto protagonizado por Bukaneros no quiere decir que esté a favor del pirata que dirige los designios del Rayo Vallecano llamado Raúl Martín Presa. No olvidó  el escandaloso episodio con José Palacio y las acusaciones cruzadas de agresión. Tampoco olvidó el estado del estadio, completamente abandonado, salvo algunos lavados de cara para aparentar, ni el estrambótico cambio del césped de Vallecas la temporada pasada que pudo costarle muy caro al equipo por aquel entonces de Iñigo Pérez.

Esto por no hablar del objetivo que está cerca de consumar, como es la desaparición del Rayo Vallecano femenino. Aquí, quien escribe ha de reconocer que para cumplir este objetivo ha empleado artimañas que solo usarían gente sin escrúpulos. Una de ellas es la falta de médicos para sus partidos, que gracias a Dios no se ha cobrado algo grave. Otra es la deplorable dieta para una deportista en los desplazamientos del equipo, compuesta por dos sándwiches y dos manzanas. En definitiva, señor Martín Presa, márchese ya, deje al Rayo Vallecano en paz y no lo convierta en lo que usted es, un despojo.

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