Lo que no se vio del Barça-Feyenoord

La goleada del Barça al Feyenoord tuvo su propia crónica paralela, con la lluvia como protagonista y el técnico alemán pendiente de cada detalle

El choque entre el Barça y el Feyenoord llegó etiquetado como de alto riesgo. La afición neerlandesa, una de las más temidas del continente, se desplazó en masa hacia Barcelona y dejó su rastro horas antes del partido con murales pintados en los colores del club holandés cerca del estadio. Pese al temor previo, no hubo ningún incidente reseñable, algo que se explica por el dispositivo de seguridad que diseñaron los Mossos junto al club. Los cerca de tres mil aficionados visitantes permanecieron aislados en su grada durante todo el encuentro, algo poco frecuente cuando se enfrenta una hinchada rival al Barça.

El verdadero quebradero de cabeza terminó siendo el cielo. Una lluvia intensa acompañó el calentamiento y Hansi Flickno dejó de mirar hacia arriba mientras sus futbolistas se preparaban. El técnico alemán rara vez parece disfrutar los goles con la misma efusividad que el resto del estadio: incluso en plena celebración, sigue atento a lo que ocurre alrededor, como cuando sustituyó a Raphinha y aprovechó para preguntarle por el cambio de brazalete con Lamine Yamal. Su jornada tampoco terminó con la rueda de prensa: a la salida, dejó que unos allegados le pidieran una foto junto al más pequeño del grupo, un niño que no podía disimular la sonrisa.

El agua no perdonó ni al palco. Mientras algunos recurrieron al paraguas, Joan Laporta optó por un chubasquero y aguantó el chaparrón sin perder detalle del espectáculo. En el césped, el inglés Gordon fue el único que se quitó la camiseta pese al frío, hasta que alguien le prestó un peto. Y en la grada, un grupo de aficionados demasiado eufóricos junto a la Grada d’Animació terminó siendo invitado a abandonar sus asientos por seguridad, no sin antes recibir una ovación cariñosa de sus vecinos de localidad.

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