El banquillo del Real Madrid vuelve a temblar

Arbeloa asumió en plena crisis y su estreno dejó más dudas que certezas, con la dirección deportiva observando el mercado de entrenadores de cara al próximo curso.

Álvaro Arbeloa llegó al banquillo del Real Madrid en uno de los momentos más delicados de la temporada. El club atravesaba una crisis profunda y el margen de error era inexistente. Su estreno fue especialmente adverso. La eliminación en Albacete, en los octavos de final de la Copa del Rey, golpeó con fuerza al equipo y reforzó la sensación de inestabilidad institucional.

La destitución de Xabi Alonso no provocó el efecto esperado. La reacción deportiva no apareció y la apuesta por Álvaro Arbeloa quedó rápidamente bajo el foco. Incluso antes de su nombramiento, su figura ya dividía opiniones. Parte del entorno entendía que no era la solución estructural que necesitaba el proyecto.

La promoción de Álvaro Arbeloa al primer equipo fue interpretada como una decisión de urgencia. El club optó por el conocimiento interno antes que por la experiencia contrastada en la élite. No ha contado con tiempo real para implantar su idea. Aun así, cada partido se ha convertido en un juicio inmediato, sin espacio para procesos ni paciencia.

El Real Madrid vive instalado en la urgencia permanente. La presión ambiental y la exigencia de resultados condicionan cualquier intento de estabilidad. En LaLiga, el equipo tampoco ofrece señales claras de recuperación. La irregularidad y los errores repetidos mantienen vivas las dudas sobre el rumbo deportivo.

En los despachos, Florentino Pérez analiza el escenario con cautela. Según Mundo Deportivo, el objetivo prioritario es cerrar la temporada sin daños mayores, aunque el futuro ya está sobre la mesa. En el entorno del club se da por hecho que el Real Madrid está sondeando entrenadores de cara al próximo curso.

La sensación interna es que Álvaro Arbeloa puede ser una solución provisional, un puente hacia un técnico con mayor recorrido. Florentino Pérez no quiere improvisar a largo plazo y la experiencia reciente ha reforzado la necesidad de planificar con antelación.

El calendario tampoco concede respiro. LaLiga exige regularidad semanal, una virtud que este equipo no ha conseguido consolidar. Cada tropiezo incrementa la presión sobre Álvaro Arbeloa, que trabaja con la percepción de que cualquier resultado negativo acelera los tiempos.

El vestuario tampoco atraviesa su mejor momento anímico. La eliminación copera ha dejado huella y el margen de reacción se estrecha. A corto plazo, el objetivo es estabilizar. A medio plazo, la hoja de ruta parece clara: evaluar alternativas para el banquillo.

Dentro del club, algunos asumen que el experimento tiene fecha de caducidad. La continuidad de Álvaro Arbeloa dependerá de resultados inmediatos. El Real Madrid rara vez espera cuando el contexto se vuelve inestable. La historia reciente lo respalda.

Mientras tanto, el técnico intenta ganar tiempo con trabajo y mensajes de calma. Pero en este club, el tiempo es un bien escaso. El tramo final del curso dictará sentencia. La realidad es contundente: Álvaro Arbeloa dirige a un Real Madrid en crisis, con el futuro del banquillo abierto y con Florentino Pérez ya mirando más allá del presente.

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